Sed, o donde faltan las palabras… / por Ben Davis Min

Sed, o donde faltan las palabras…

Sed representa una realidad que está fuera del tiempo y del espacio conocido.

El agua casi no existe, hay solo algunas gotas que deben ser cuidadas sigilosamente. Es un mundo en el que la falta de agua produce inquietud, recelo y conflicto.

La posesión del elemento líquido determina nuevas relaciones de poder. Este “nuevo orden” proporciona el agua necesaria para la subsistencia pero a su vez ejerce el control absoluto de la población, manteniendo sus sentimientos sosegados.

Además del agua, faltan las palabras. Las pocas que quedan deben utilizadas con prudencia. El sistema impone un discurso permitido donde muchas palabras se han vaciado de contenido. Las que están permitidas para comunicarse son aquellas que no provocan profundas emociones.

Un grupo de rebeldes pretende recuperar palabras prohibidas para poder sentirlas, pensarlas, decirlas, escribirlas e insertarlas en el sistema. Al hacerlo, se van encontrando, van descubriendo quiénes son.

Sed no es una producción narrativa. El relato aparece fragmentado, hay vacíos que no se explican. El estilo del lenguaje es poético.

Su directora, Lorena Székely dice que se trata de una obra que nos invita a reflexionar sobre la libertad y la conquista cotidiana de la misma. Es una metáfora sobre las distintas luchas que el hombre enfrenta en busca de libertad. Se pregunta ¿podemos vivir con el lenguaje limitado? ¿podemos vivir sin reconocer nuestro pasado? ¿podemos percibir que nos están manipulando y no hacer nada? Plantea que así como la devastación de bosques es una catástrofe para el hombre, la pérdida de palabras es una catástrofe de identidad cultural.

Esta obra de teatro planteada como ciencia ficción nos interpela como humanos en lo más profundo de nuestra memoria colectiva y nuestra identidad. Las palabras también se expolian, se violan, se maltratan y que es preciso cuidarlas. La pérdida de éstas empequeñece. Recuperarlas es tener la posibilidad de encontrarnos con nuestra historia.

“Yo guardo una memoria” dice una de las protagonistas de la obra y revela objetos de otro tiempo que evocan el recuerdo. Sed es básicamente una obra de ciencia ficción que se plantea reflexionar acerca de cuestiones centrales de las sociedades del siglo XXI, del valor de la palabra y su relación con las cuestiones del poder. ¿O acaso la comunicación mediática estos días no se vale de palabras y conceptos vaciados de contenido, huecos, manipulados? ¿O no es violada permanentemente la verdad?

La obra cuenta con una escenografía mínima pero creativa. Se desarrolla en torno a lo que podría pensarse como un “árbol de la vida” y sobre una plataforma en la que cinco actores se mueven muy bien en un espacio de no más de 3 x 3.

El estilo de actuación es sobrio y desde ya que no abreva en el realismo. Se destaca la labor de Cecilia Dellatorre, actriz que muestra un interesante trabajo corporal, en especial con el manejo del gesto.

Bien por la dirección y su coordinación de movimiento de los actores en la escena.

Sed no es una propuesta para pasar el rato. Obliga a algo más.

Ben Davis Min

 

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