La poesía como una resistencia que nos convierte en amenaza / por Gustavo Yuste

La obra Sed de Luz Pearson plantea un escenario futurista que, sin embargo, asusta por lo próximo que parece. En un ámbito donde el falso confort llega a prohibir todo aquello que no se pueda controlar, un grupo de rebeldes buscan en las palabras y su fuerza poética una posible vía de escape. ¿De qué somos capaces cuando la sed de libertad es lo único que podemos sentir? 


El futuro llegó hace rato cantaba hace ya décadas Patricio Rey y sus redonditos de ricota. Sed, de Luz Pearson, parece reafirmar esa teoría que nos obliga a estar atentos y a defender nuestras escasas libertades individuales, dejando de pensar que los grandes peligros tardarán en volverse cotidianos. Cinco personas se juntan para resistir una tiranía del falso confort donde toda sensación queda fuera de los parámetros establecidos.

Con actuaciones sólidas, que aprovechan al máximo los recursos minimalistas de los que la obra se nutre y le dan ese aire enigmático que atrapa al espectador desde el comienzo, Sed utiliza un abanico importante de recursos gestuales y estéticos que hace que los protagonistas vayan apareciendo en escena, cargando a su paso pequeñas porciones de historia que se develan y se vuelven borrosas al mismo tiempo.

Armando y desarmando cada palabra, los protagonistas van redescubriendo sentidos, buceando en las profundidades de cada significado una gota de poesía que los ayude a saciar esa sed de libertad. Así, se puede aprender en la obra las distintas caras que componen los términos: “Aguante: fuerza interior que nos convierte en amenaza”.

Con una dirección cuidada de la mano de Luz Pearson y una actuación firme de cada uno de los actores, Sed abre la puerta a un mundo de emociones que llaman a estar a alerta. El mensaje al respecto es claro: la poesía es lo único que nos queda para ser libres. / Gustavo Yuste

 

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